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La atracción de la ciencia

El miedo a la muerte y el interés por la inmortalidad llevó a Dalí a su pasión por la metafísica.

La exposición del Reina Sofía, la más votada por los criticos, documentó este aspecto

Ignacio Vidal-Folch 26 DIC 2013

Como es público y notorio Salvador Dalí era un hombre de una gran inteligencia y cultura, y un artista de imaginación desatada: un ser humano muy original. En lo que no era en absoluto original era en el miedo a la muerte, que compartía con casi todos los seres humanos cuando alcanzan determinada edad. En él la aparición del miedo a la muerte y el interés por la inmortalidad son muy tempranos, debido a las especiales circunstancias de su nacimiento (como hermano de un niño muerto al nacer y llamado, como él, “Salvador”), pero se convierte en una obsesión dominante a partir de las experiencias de nuestra Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, que partió en dos mitades claramente diferenciadas su vida intelectual: la primera está presidida por la investigación de la psique a través de las enseñanzas de Sigmund Freud y la práctica de las estéticas del surrealismo. A partir de su exilio americano ese miedo a la muerte encuentra como solución o alivio la conversión al catolicismo (“soy católico, apostólico, romano y rumano”, declara jocosa y pomposamente con motivo de la publicación de Sí en Bucarest, hito para el que por cierto cambió el título, que pasó de ser Sí a Sí a Rumanía) y el interés creciente por la ciencia, especialmente por la física. Precisamente, al margen de la elocuente selección de las obras, uno de los aspectos más interesantes de la retrospectiva en el Reina Sofía es que también documenta su predilección por la ciencia, que es bastante excepcional entre los artistas plásticos.

vía La atracción de la ciencia | Cultura | EL PAÍS.

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