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MANUEL OLVEIRA | DIRECTOR DEL MUSAC «He realizado mi trabajo en un clima de coacción y violencia»

Noticia recuperada de Diario de León

 

El despacho de Manuel Olveira, director del Musac, está de mudanza. Las estanterías comienzan a vaciarse y los muebles se han convertido en reservorios de todo lo que se ha ido acumulando en los últimos ocho años. Ya en funciones, Olveira hace un recorrido por los últimos años, explica qué herencia deja en el museo y lamenta la actitud que la Fundación Siglo ha tenido con el centro de arte contemporáneo desde la llegada de Juan González Posadas. «Ahora ya, el Musac ni siquiera dispone de presupuesto», revela.

—Y ahora ¿qué?

—Pues ahora, la vida sigue. Tengo una pieza que es una especie de manta que me regalaron unos artistas en la que aparece la frase Life continues to be free and easy, La vida fluye plácida y sin complicaciones. Duermo con esa manta todos los días. Se acaba un periodo, es innegable; pero se abre otra fase y no hay que hacer drama de ello.

—¿Qué huella de Manuel Olveira quedará en el museo?

—Las exposiciones, los libros, los proyectos educativos, la colección o el modelo de museo con el que yo me presenté al concurso de dirección en 2013. Llegué en un momento de crisis y fue necesario construir un proyecto centrado en una comunidad como Castilla y León y basado en la realidad económica de la crisis de 2008. Además de hacer exposiciones de calidad, creo que hemos tenido sensibilidad a la hora de dar valor contextual a lo que se hacía aquí a través de los proyectos del Laboratorio 987 y el Deac. En este sentido, hemos realizado un trabajo comunitario que ha dado sus frutos: La Rara Troupe fue seleccionada para la Bienal de Berlín, por ejemplo, o el proyecto con personas que cuidan a personas, Matraz, ha sido una realidad durante dos años. El trabajo, la programación y su coherencia, el incremento de la colección y las publicaciones se quedarán como testigos de un proyecto.

—¿Cómo ha evolucionado el Musac hasta este momento?

—Como todo organismo vivo, el museo cambia. Cada dirección ha tenido su proyecto, a menudo marcado por las circunstancias económicas y sociales. El contexto pandémico actual hace que el museo tenga que trabajar más en los cuidados y la educación. Lo van a hacer todos los museos. Tendrá que trabajar en una clave más local y orientarse hacia las necesidades de la ciudadanía más cercana. Su presencia internacional dependerá no tanto de la proyección como de la creación de una personalidad propia.

—¿Qué se lleva del Musac y de León?

—Siempre sentí que estaba en un lugar que me correspondía. Sabía que había posibilidades de llevar a cabo el proyecto que había pensado y lo pude hacer gracias a un equipo muy profesional, proactivo y con capacidad de hacer cosas. Me he sentido muy bien en León y me han pasado cosas importantes: me he casado, he publicado mi novela Todo el tiempo del mundo, mi poemario Muero todos los días, he fluido muy bien con el carácter leonés y con la ciudad. Estoy muy contento y agradecido por lo que queda y por lo que me llevo de aquí.

Espectáculo
«La Junta entiende la cultura como evento festivo orientado al turismo»

—Creo que la cafetería, la tienda y el restaurante del museo siguen cerradas.

—Sí. El pasado 23 de junio el adjudicatario decidió no abrir porque no podía continuar y se lo notificó por carta al director de la Fundación Siglo. Se descubrió en septiembre una deuda con la seguridad social muy grande y parece que la Fundación Siglo tendrá que pagar más de medio millón de euros como responsable subsidiaria. Por desgracia, eso se venía venir. Yo hice el primer informe negativo en 2014 y seguí informando de manera continuada sobre las irregularidades, pero la Fundación nunca quiso hacer nada. Mi trabajo es proponer e informar, no ejecutar, eso es responsabilidad de la Fundación, y por algún motivo no quisieron actuar.

—¿Cómo se ha gestionado el cese de su contrato como director?

—Innecesariamente mal. Yo me entero de que mi contrato no se renueva por la prensa, en una entrevista con el consejero en este periódico el 27 de septiembre de 2020 y no se me notifica formalmente hasta el día 11 de mayo de 2021. Las maneras son las peores.

—¿Cuándo y de qué manera comienza el cambio de actitud?

—Como es sabido, cuando llega a finales de 2019 el nuevo director de la Fundación Siglo, Juan González-Posada, y desde el principio todos los directores vemos que cambia muchas cosas e intuimos lo que va a pasar.

—Usted ¿y quién mas?

—Primero, el director y el gerente de la Oscyl dimitieron nada más llegar él. La irrupción de la pandemia lo paró todo, pero después nos quedó claro a todos los museos que íbamos a perder la autonomía y el presupuesto y eso nos motivó a 3 directores de los 5 que quedábamos a escribir, el 5 de junio de 2020, una carta al consejero quejándonos del trato que recibíamos y que no se nos dejaba cumplir con nuestro trabajo de planificar la programación al no disponer de un presupuesto para tener una visión global de cómo distribuir a lo largo del año las diferentes actividades.

Desprecio
«Al museo público, espacio capilar orientado a la educación y a la reflexión se le deja de lado»

—¿Qué le parece el tipo de exigencias que se plantean en el concurso?

—Se piden 8 años de experiencia, pero no claramente en la dirección, sino en dirección o gestión y administración de instituciones museísticas o artísticas, tanto públicas como privadas. No es lo mismo la dirección que la gestión y la administración, ni es lo mismo una entidad pública que una privada. Lo más grave es que la dirección del Musac quedará en dependencia directa de los órganos de gobierno de la Fundación Siglo, asumiendo la ejecución de los acuerdos de estos órganos», lo cual implica perder independencia y autonomía y, además, suplanta claramente las funciones del Consejo rector del Musac que es según el Bocyl el máximo órgano de gobierno del museo.

—¿Quién es y qué trayectoria tiene Juan González Posada?

—Su vida laboral está unida al ayuntamiento de Valladolid y es conocida por todos. Tiene responsabilidad en lo ocurrido en Patio Herreriano, que estuvo casi dos años sin director.

—¿Qué tipo de filosofía de gestión le avala?

—La que ha realizado en Valladolid únicamente. Creo que no ha trabajado en ningún otro lugar.

—¿Con qué finalidad le pusieron al frente de la Fundación Siglo?

—Para dirigirla.

Sin presupuesto
«El Musac no tiene ya presupuesto, con lo que no puede planificar el año y la dirección no es autónoma»

—Pero con qué objetivo. No creo que pongas un perfil así sin una meta concreta.

— Creo que vino de la mano del viceconsejero, Raul Fernández Sobrino, imagino que para dirigir la Fundación. Es muy extraño que Ciudadanos, que presumía en campaña de que acabaría con chiringuitos como la Fundación Siglo, cuando llega al Gobierno parece que le encuentra una utilidad inusitada y la defiende. Ahí hay un cambio radical que no sé a qué obedece.

—Sí, pero en concreto ponen a una persona con una trayectoria determinada

—Se empieza a ver ahora el modelo de gestión de la cultura y el arte contemporáneo que proponen. Ahora entendemos, por ejemplo, porqué la primera vez que el Consejero viene a León va a la Fundación Cerezales, que es privada y no está en sus competencias, y no al Musac, que era lo que correspondía por ser el único museo público de arte actual de la Consejería. Ahora también entendemos por qué ha creado un Festival de Fotografía de Palencia o el de las Letras de Castilla y León Por cierto, ambos llevan la campanuda palabra internacional y ambos están gestionados a través de empresas privadas.

—Y son colaboraciones publico-privadas.

—Exacto. Esos proyectos lo podríamos hacer los museos y centros públicos de la Comunidad, pero se elige un formato festivalero y gestionarlos a través de empresas. Es una manera de entender la política cultural como espectáculo, como evento festivo orientado al entretenimiento y al turismo. Al museo público, que es un espacio capilar orientado a la educación, a la reflexión y a la ciudadanía, se le deja de lado.

—¿Qué modelo de cultura es ese? 

—Excluir a la institución pública es una elección neoliberal que consiste en que el Estado se retrae, se anula, se elimina o se adelgaza la función pública que nos beneficiaría a todos y se engorda la iniciativa privada de la que se aprovechan unos pocos.

—Eso no es neoliberalismo. En un sistema liberal, el empresario arriesga su dinero sin saber cuál será el retorno y su enriquecimiento viene precisamente de esa incertidumbre. 

—El liberalismo siempre dice que la iniciativa privada mueve la economía y el Estado debe retraerse. Eso, es en teoría, en la práctica todos sabemos que se utiliza el dinero del Estado para favorecer a las grandes empresas.

—Ciudadanos llegó precisamente para acabar con eso, en teoría…

—Sí, pero en la práctica siempre se promueve un proteccionismo corporativo para las empresas con ayudas enormes que, además, son extractivas, porque quitan los recursos de un lugar (el público) para llevarlo a otro (el privado). Eso ocurrió con las grabaciones de Prodigios en el centro Cultural Miguel Delibes, a cuya productora se le pagan cientos de miles de euros. También hay más ejemplos que benefician a empresas privadas foráneas como los viajes y hoteles del Musac que los lleva una empresa de Madrid por concurso.

Trayectoria
«Este museo tiene un gran potencial basado en su colección y con grandísimos aciertos»

—¿Cambió algo en el Musac en el sentido de lo que hablamos?

—Por supuesto. Nosotros trabajábamos con traductores cercanos, buscando el profesional que puede hacer la traducción más adecuada para cada tipo de texto porque no es lo mismo uno sobre teoría colonial que sobre arquitectura o formalismo pictórico. Se debe buscar a la persona que pueda traducirlo mejor; pero, además, hacerlo en la ciudad o en la comunidad en la que estamos para crear tejido productivo aquí. Pues bien, la Fundación Siglo ha decidido de manera unilateral que todas las traducciones las hace una empresa italiana a través de un concurso. El procedimiento es siempre el mismo: extraer recursos de un lugar y llevarlos a otro, a una empresa y a unos traductores que no sabes ni donde están. Así, el dinero ya no se reintegra al tejido cultural del que procede. Además, la calidad del trabajo es mucho peor. Eso pasa desde hace unos nueve meses.

—O sea, desde que comienza Juan González.

—Sí. Este parece ser su modelo: una gestión extractiva por la cual se coge dinero del sector público local para llevarlo al privado deslocalizado mediante externalizaciones de servicios y oscuros concursos..

—Hasta un privado que, en realidad, no lo es.

—Sí, eventos y festivales celebrativos de un día, que no van a dejar nada y que tienen una praxis y un modelo opacos.

—En una entrevista usted sugería que el Musac ya no tenía presupuesto

—Ya no dispone de presupuesto anual. Eso implica que la dirección no es autónoma, que no puede planificar el año y que se la coloca en una situación subordinada en la que, para cada actividad, de manera literal, ha que hacer una petición presupuestaria. Yo ya no gestiono un presupuesto anual que llegue para todas las actividades anuales, sino pequeñas cantidades puntuales sin poder planificar globalmente.

—Y tampoco puede saber cómo se ejecuta el presupuesto…

—¡Claro! Antes teníamos un presupuesto anual asignado por la Fundación y planificábamos cómo gastarlo en las actividades y exposiciones. Eso también se acabó porque ya no tenemos presupuesto conocido. Ni siquiera podemos saber qué facturas carga la Fundación al presupuesto del museo porque no tenemos acceso al control de gasto como en todos los años anteriores.

Dirección artística
«No se puede seguir adelante sin dirección artística independiente y sin presupuesto anual»

—¿Podrían cargar facturas de otro centro o actividad al Musac?

—Yo no puedo decir eso.

—¿Ha pedido explicaciones a la Fundación?

—Lo hice en el último Consejo Rector del Musac el 13 de noviembre de 2020 porque, como dice el Bocyl, tiene entre sus funciones conocer el presupuesto anual. También lo solicitaron infructuosamente otros miembros del Consejo. Pedí que constase en acta que es irregular no comunicar el presupuesto de 2021, pero no se me ha mandado. Por ello, hice una reconstrucción de todo lo hablado en la reunión y se la envié al Consejero por registro para que quede documentado lo que se dijo. Nos fuerzan a trabajar a ciegas.

—Pasa sólo en el Musac o en más centros?

—En todos. Hasta donde sé ningún centro cuenta ya con presupuesto anual conocido.

Obra ¿traspapelada?
«Depositaron las obras de la colección en el Musac, pero al llegar faltaba una treintena de piezas»

—Usted llegó a este museo hace ocho años en un momento de especial convulsión, después de la salida de Eva González Sancho y en un proceso de adelgazamiento del presupuesto.

—Yo he trabajado con la administración pública aquí, en Galicia o en Cataluña y es difícil siempre porque tiene unas rigideces que no son operativas para el arte contemporáneo, pero si hay buena voluntad se puede hacer el trabajo. Aquí he trabajado con dos consejeras, con directores generales de cultura y con dos directores de la Fundación Siglo y lo he hecho con normalidad.

—¿Entonces?

—La administración cada vez es más normalizadora y con más peso burocrático. Ahora bien, siempre ha habido diálogo constante y reuniones presenciales cada dos o tres meses que ya no se hacen. Al actual consejero sólo le he visto la vez que vino al museo en visita privada, llegó tarde, se fue corriendo y no le volví a ver en 2 años. En la Fundación Siglo ha pasado igual: ni una reunión con todos los museos desde la llegada del actual director.

—Si estas maneras se consolidan ¿qué futuro tiene el Musac?

—Este museo tiene un potencial muy grande basado en una colección importante y un equipo de trabajo eficaz, una trayectoria irregular pero con grandísimos aciertos, un nombre muy asentado en el panorama nacional e internacional…

Sin autonomía
«Han eliminado la autonomía del museo y la capacidad de hacer proyectos»

—¿Sin dirección artística?

—No puede seguir adelante sin dirección artística independiente y autónoma, sin presupuesto anual y sin clima de concordia.

—¿Tampoco hay ya concordia?

—No. Este año he llevado a cabo mi trabajado y se han hecho exposiciones y actividades a pesar de todo, pero en un contexto que podría ser calificado de acoso y de violencia.

—Esa es una denuncia grave.

—Cuando alguien pone en entredicho todo lo que dices y propones, alguien sin maneras adecuadas o respetuosas, alguien que te envía un burofax a casa para que entregues una documentación en emails enviados personas que trabajaron en la fundación Siglo, lo cual es ilegal, o alguien te envía un burofax para que hagas algo cuando estás de baja laboral… creo que eso puede ser acoso.

—¿Ha hablado con el consejero?

—No, pero le he escrito y no he recibido respuesta.

—Que recuerde ya no hay ni comisario jefe, ni técnico de la biblioteca, ni responsable del Deac. 

—Han eliminado la autonomía del museo y la capacidad de hacer proyectos. Se trata, en suma, de la desactivación de la función pública. Este museo está siendo adelgazado tanto de presupuesto como de personal, y eso conlleva falta de músculo y de cuerpo para satisfacer las necesidades de cultura de la sociedad.

—¿Ha tenido la oportunidad de hablar con los directores de grandes museos como Musac acerca de esta estrategia?

—Tengo contactos con algunos, como es normal, y ninguno cree que esta sea una forma adecuada de proceder. Cortar el presupuesto a mitad de año y negarlo al siguiente es romper con las buenas prácticas profesionales. La Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo envió dos cartas públicas al consejero manifestándose de manera muy crítica con su proceder, pero ni escucha ni rectifica.

—¿Qué pasó con la compra extraordinaria de las obras de arte?

—Hicieron una bases irregulares que denunciamos tanto la Asociación de artistas, el Instituto de arte contemporáneo como yo mismo porque no era una convocatoria seria para adquirir obra. Por ello, ni el IAC, ni Avacyl ni yo formamos parte del jurado como pretendía inicialmente la Consejería. Todos le comunicamos que las bases no eran correctas ni profesionales y que debían ser corregidas, pero hicieron oídos sordos. Ahora, he oído que esas piezas adquiridas de una forma tan poco seria van a venir al museo, pero a mí nadie me ha dicho nada.

—¿No son del Musac?

—No, esas piezas las compra la Consejería sin decir a donde van. Ahora, he oído que vendrán al museo, lo cual es un proceder irregular. Deberían explicar por qué no lo han querido hacer bien desde el principio.

—¿Faltan piezas de la Colección de Arte Contemporáneo de la Junta depositadas en el museo?

—La Consejería gestiona la Colección de Arte Contemporáneo de la Junta. Me notificaron hace tiempo que querían depositar en el museo una parte que estaba desde hacía años en unos almacenes privados en Salamanca. Exigí que se hiciera una catalogación ‘in situ’ antes de que vinieran al Musac. Cuando llegaron las obras, en julio de 2017, nos dimos cuenta de que faltan una treintena de piezas de la catalogación inicial.

—Se lo comunicaría a la Junta, claro

—Por supuesto. Lo reporté a los responsables durante años pidiendo que se localizaran las obras extraviadas, pero no hicieron nada. En la reunión del Consejo rector volví a comunicarlo, pedí que constase en acta esta y otras irregularidades y después lo comuniqué a la ciudadanía porque es la propietaria de esas piezas. El 23 de diciembre de 2020 (menudo día para hacerlo) la Consejería sacó una nota en la que afirman que el listado era provisional, lo cual no es verdad porque la catalogación no era provisional, y que ya habían localizado las piezas.

—Eso es una contradicción.

—Por eso me puse en contacto con la Consejería para pedir que si habían encontrado las piezas las depositaran en el Musac donde están las otras.

—¿Quiénes son los artistas perdidos?

—No le daré nombres, pero hay algunos conocidos internacionalmente. Le pongo un ejemplo. Aquí tenemos depositada una instalación de una conocidísima artista que consta de cuatro elementos, pero aquí sólo llegaron tres. Podría entender que la Consejería considerase que ahora no quiere depositar algunas de las piezas «perdidas» aquí, esa parte de esa instalación debe estar aquí. Si de verdad la han encontrado deberían traerla al museo para completar la instalación. No hacerlo es muy irregular y sospechoso.

—¿No sabe dónde están?

—No. Trabajamos con muros de opacidad. Podemos hacer cábalas de si es verdad o no que han encontrado las obras, pero nada más.

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